Una parte de mí
todavía acomoda la mesa
como si fueras a volver
la otra
ya vendió las sillas para pagar el invierno
una quiere sostener la memoria
aunque le sangre las manos
la otra mira alrededor
y no encuentra dónde apoyar el cuerpo
sin sentirse extranjera
es extraño el duelo
nadie habla de esta mitad del camino
cuando todavía amás algo
pero ya no podés vivir ahí
cuando soltar parece traición
y quedarse
una forma lenta de desaparecer
entonces una aprende
a hacer hogar en cosas mínimas
en una taza infantil
en regar una planta
en dejar de explicar el cansancio
porque a veces sanar
no es avanzar
es dejar de tironearse
entre dos versiones de una misma mujer.
Ritual: “La silla vacía”
Esta noche no escribas cartas.
No quemes papeles.
No cierres ciclos.
Hacé algo más raro.
Poné una silla frente a vos.
Encima dejá un objeto pequeño que represente eso que no podés soltar:
una llave,
una piedra,
una prenda,
una palabra escrita.
Sentate enfrente durante cinco minutos sin música y sin teléfono.
Y en vez de preguntar:
“¿Cómo hago para soltar?”
preguntá:
“¿Qué parte de mí cree que se quedará sin identidad si esto termina?”
Después levantate sin responder nada.
Solo cambiá la silla de lugar.
El cuerpo entiende movimientos que la mente todavía no puede nombrar.
