Etiqueta: amor propio

  • ¿Por qué dejás la cama destendida antes de salir? Quizás no sea solo por apuro.
    Entre la vida y la muerte, Frida Kahlo soñó con su propia realidad. «El sueño (La cama)» (1940) no es una pintura sobre el miedo, sino sobre la aceptación

    ¿Por qué dejás la cama destendida antes de salir? Quizás no sea solo por apuro.

    Hay personas que no pueden irse de su casa sin dejar la cama perfectamente tendida.

    Y hay otras que salen apuradas, convencidas de que eso puede esperar.

    Ninguna de las dos está bien o mal.

    Pero, a veces, vale la pena hacerse una pregunta:

    ¿Qué historia cuenta mi cama cuándo me voy?

    Desde una mirada sistémica, los pequeños gestos cotidianos suelen reflejar la manera en que habitamos nuestra vida. No porque una cama deshecha tenga un significado universal, sino porque cada acción repetida puede convertirse en un lenguaje silencioso.

    La cama es el lugar donde terminamos un día y comenzamos otro. Allí descansamos, soñamos, lloramos, amamos y recuperamos fuerzas. Es uno de los espacios más íntimos de la casa.

    Cuando la dejamos tal como quedó al despertar, quizá solo estemos apurados. Pero, en otras ocasiones, puede ser una forma inconsciente de dejar algo abierto, como si una parte nuestra siguiera habitando el ayer.

    Desde la mirada energética, cada espacio conserva la vibración de lo que ocurre en él. No se trata de magia ni de superstición, sino de algo que seguramente alguna vez experimentaste: entrar en un lugar cuidado transmite una sensación diferente a entrar en uno que parece suspendido en el tiempo.

    Tender la cama no cambia el destino.

    ¡Pero sí puede cambiar la manera en que empezás el día!.

    Es un gesto sencillo que le dice al cuerpo: “La noche terminó. Estoy disponible para lo que viene.”

    Muchas veces creemos que necesitamos grandes cambios para sentirnos mejor. Sin embargo, el inconsciente habla el idioma de los símbolos. Y los símbolos no necesitan ser enormes; necesitan ser repetidos con intención.

    Un pequeño ritual

    Mañana, antes de salir de tu habitación, hacé algo diferente.

    Mientras acomodás la cama, apoyá una mano sobre las sábanas y decí, en voz baja o para vos:

    “Gracias por el descanso que recibí. Devuelvo esta noche al pasado y elijo estar presente para este nuevo día.”

    Después abrí la ventana, aunque sea un minuto. Dejá que entre aire fresco y, con él, la sensación de que algo nuevo también puede entrar en tu vida.

    No hace falta que la cama quede perfecta.

    Hace falta que ese gesto deje de ser una obligación y se convierta en una despedida amorosa de la noche.

    Porque cada mañana, sin hacer ruido, la vida vuelve a empezar.

    Y quizás el primer lugar donde pueda notarse… sea en tu propia cama.

  • Hay personas que se quedan suspendidas adentro
    La silla de Vincent con pipa es un "autorretrato" muy original del artista transmutado en un mueble que refleja la melancolía que le invadía.

    Hay personas que se quedan suspendidas adentro

    Una parte de mí
    todavía acomoda la mesa
    como si fueras a volver

    la otra
    ya vendió las sillas para pagar el invierno

    una quiere sostener la memoria
    aunque le sangre las manos

    la otra mira alrededor
    y no encuentra dónde apoyar el cuerpo
    sin sentirse extranjera

    es extraño el duelo
    nadie habla de esta mitad del camino

    cuando todavía amás algo
    pero ya no podés vivir ahí

    cuando soltar parece traición
    y quedarse
    una forma lenta de desaparecer

    entonces una aprende
    a hacer hogar en cosas mínimas

    en una taza infantil
    en regar una planta
    en dejar de explicar el cansancio

    porque a veces sanar
    no es avanzar

    es dejar de tironearse
    entre dos versiones de una misma mujer.

    Ritual: “La silla vacía”

    Esta noche no escribas cartas.
    No quemes papeles.
    No cierres ciclos.

    Hacé algo más raro.

    Poné una silla frente a vos.
    Encima dejá un objeto pequeño que represente eso que no podés soltar:

    una llave,
    una piedra,
    una prenda,
    una palabra escrita.

    Sentate enfrente durante cinco minutos sin música y sin teléfono.

    Y en vez de preguntar:

    “¿Cómo hago para soltar?”

    preguntá:

    “¿Qué parte de mí cree que se quedará sin identidad si esto termina?”

    Después levantate sin responder nada.
    Solo cambiá la silla de lugar.

    El cuerpo entiende movimientos que la mente todavía no puede nombrar.