El precio secreto de quererlo todo

autorretrato surrealista El Sueño (La cama), de la pintora mexicana Frida Kahlo
autorretrato surrealista El Sueño (La cama), de la pintora mexicana Frida Kahlo

Hay una fantasía que nos acompaña desde muy temprano: la idea de que algún día encontraremos la forma de no perder nada.

Tener tiempo para todo.
Amar sin sufrir.
Elegir sin renunciar.
Cambiar sin dejar atrás.
Crecer sin despedirse de ninguna versión de nosotros mismos.

Y, sin embargo, la vida tiene una noticia que suele llegar tarde, pero llega.

Todo acto de elegir implica una pérdida.

No porque la vida sea cruel, sino porque es real.

Cuando elegimos una profesión, dejamos miles de caminos sin recorrer. Cuando nos comprometemos con una persona, renunciamos a todas las demás historias posibles. Cuando decidimos mudarnos, algo queda atrás. Cuando nos quedamos, también.

La madurez no consiste en encontrar la decisión perfecta. Consiste en tolerar que toda decisión deja algo afuera.

Muchas veces el sufrimiento no proviene de lo que perdimos, sino de nuestra negativa a aceptarlo.

Queremos el cambio, pero sin abandonar lo conocido.

Queremos la libertad, pero sin incertidumbre.

Queremos la plenitud, pero sin vacío.

Y así terminamos agotados intentando sostener simultáneamente puertas que se abren y puertas que se cierran.

Tratar de vivir de un modo sano implica poder soportar la idea de que todo no se puede.

No se puede estar en todos los lugares.

No se puede ser todas las personas.

No se puede vivir todas las vidas.

Pero cuando dejamos de luchar contra esa verdad aparece algo inesperado: el alivio.

Porque ya no estamos ocupados intentando conservarlo todo.

Estamos ocupados viviendo.

Y vivir, después de todo, nunca fue acumular posibilidades.

Fue habitar plenamente una.

Un ejercicio de escritura poco habitual

Tomá una hoja y escribí arriba:

“Las vidas que no voy a vivir.”

Debajo hacé una lista.

No de tus fracasos.

De tus posibilidades.

La artista que quizás no serás.
La ciudad donde probablemente no vivirás.
La relación que no ocurrió.
El proyecto que quedó pendiente.

Escribí cada una como si estuvieras despidiéndola con respeto.

Después, al lado de cada frase, completá:

“Gracias por mostrarme que también existías.”

No busques tristeza ni optimismo.

Buscá verdad.

Porque una parte importante de crecer consiste en dejar de pelearse con los caminos que no fueron elegidos y empezar a cuidar, con presencia y ternura, el único camino que hoy sí está bajo nuestros pies.

*Pintura: Autorretrato surrealista El Sueño (La cama), de la pintora mexicana Frida Kahlo