Por momentos, la vida nos saca del centro. Y no siempre es por grandes tragedias: a veces alcanza con el ruido, las exigencias o el cansancio acumulado para empezar a vivir desconectados de nosotros mismos.
Hay días en que una persona funciona, cumple, responde, trabaja… pero internamente se siente lejos de sí. Como si hubiera perdido el eje. Y volver al eje no significa convertirse en alguien perfecto, iluminado o tranquilo todo el tiempo. Significa regresar al propio cuerpo, a la respiración y a una verdad simple: “esto soy, esto siento, esto necesito”.
Muchas veces creemos que para estar bien hay que resolver toda la vida de inmediato. Pero el eje no aparece en el futuro. Aparece en pequeños gestos cotidianos:
- dormir mejor,
- caminar en silencio,
- apagar el celular un rato,
- tomar agua conscientemente,
- decir que no,
- llorar lo que duele,
- volver a la naturaleza,
- ordenar un espacio,
- respirar profundo antes de reaccionar.
Entrar en eje también implica dejar de tomar decisiones desde el miedo o la urgencia. Cuando una persona está fuera de sí, todo parece una amenaza o una presión. En cambio, cuando vuelve a su centro, aparece algo muy distinto: claridad.
No siempre podemos controlar lo que sucede afuera. Pero sí podemos aprender a escucharnos antes de rompernos.
Volver a uno mismo no es egoísmo. Es salud espiritual. Porque nadie puede sostener la vida desde el vacío interior.
Ejercicio de escritura para volver al centro
Buscá un lugar tranquilo. Respirá profundo tres veces antes de comenzar. Luego escribí, sin corregirte, respondiendo estas preguntas:
- ¿Qué estoy sintiendo realmente hoy?
- ¿Qué parte de mí está cansada?
- ¿Qué necesito dejar de sostener?
- ¿Qué me hace bien y estoy dejando para después?
- ¿Dónde siento paz, aunque sea por un instante?
Después de escribir, leé todo lentamente y subrayá una sola frase. Esa frase será tu brújula para los próximos días.
A veces volver al eje no requiere grandes respuestas. Solo honestidad.
