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  • Los excluidos del sistema: cuando alguien necesita ser recordado
    Los excluidos del sistema familiar: pertenencia y reconocimiento

    Los excluidos del sistema: cuando alguien necesita ser recordado

    ¿Qué sucede cuando alguien es excluido de una familia? Una mirada sistémica sobre la pertenencia, las historias silenciadas y un sencillo ejercicio para reconocerlas.

    En toda familia hay historias que se cuentan y otras que quedan en silencio.

    Un hijo que murió.
    Una pareja anterior que fue olvidada.

    Alguien que fue a la cárcel, o terminó viviendo en la calle.
    Alguien que tomó un camino que la familia no pudo aceptar.
    Una persona de la que se dejó de hablar porque su historia dolía demasiado.

    Cuando alguien es excluido, su existencia no desaparece de la historia familiar.

    Desde la mirada sistémica, cada integrante tiene derecho a pertenecer. Lo que ocurrió puede haber sido difícil, doloroso o incomprensible, pero negar a alguien no cambia que haya formado parte del sistema.

    Y cuando intentamos borrar una historia, otro integrante puede cargar, sin saberlo, con aquello que quedó sin mirar.

    Puede sentirse diferente.
    Repetir una historia.
    Llevar una tristeza que no comprende.
    Sentir que no encuentra su lugar.

    No se trata de buscar culpables.

    Se trata de mirar.

    De reconocer que detrás de cada silencio hubo una vida.

    Y decir, con respeto:

    “Te veo. Existes para mí.”

    “Tú también perteneces a este sistema. Tu lugar está aquí.”

    Cuando alguien es reconocido, no necesitamos llevarlo sobre nuestros hombros.

    Podemos dejarle su destino.

    Y tomar el nuestro.

    Un pequeño ejercicio sistémico

    Buscá un lugar tranquilo.

    Colocá frente a vos una hoja con el nombre de aquella persona de tu familia que fue excluida, silenciada o de quien casi no se habla.

    No necesitás conocer toda su historia.

    Mirala durante unos instantes y decile en voz baja:

    “Te veo. Existes para mí.”

    Después agregá:

    “Tú también perteneces a este sistema. Tu lugar está aquí.”

    Y finalmente:

    “Yo soy yo. Tú eres tú. Honro tu historia y dejo contigo lo que te pertenece.”

    Quedate en silencio.

    No busques sentir algo especial.

    El ejercicio no pretende cambiar el pasado.

    Busca algo más sencillo y profundo:

    dar un lugar a quien quedó fuera y recuperar, con amor, el propio.

    Porque pertenecer no significa repetir.

    Pertenecer también puede significar mirar la historia, honrarla y elegir una vida diferente.