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  • El sobrepeso desde la mirada amorosa: reconciliarte con tu templo
    Una reflexión amorosa con un ejercicio práctico para transformar la relación con tu cuerpo.

    El sobrepeso desde la mirada amorosa: reconciliarte con tu templo

    Muchas veces la cultura nos invita a mirar la balanza como un juez severo y al cuerpo como un territorio en conflicto. Sin embargo, abordar el sobrepeso desde la mirada transpersonal nos permite comprender que el cuerpo no es un enemigo a vencer, sino un aliado sagrado que expresa aquello que la mente o el alma aún no han podido procesar.

    El cuerpo guarda memorias, protecciones y emociones guardadas. El peso físico muchas veces constituye un escudo invisible contra vivencias pasadas, una respuesta de supervivencia o una forma de contención ante dolores profundos. Cuando dejamos de juzgar la forma corporal y comenzamos a indagar en su mensaje, abrimos la puerta a una sanación integral y duradera.

    Sanar la relación con el cuerpo y el peso emocional

    Transformar la relación con el cuerpo exige abandonar las batallas internas, las dietas restrictivas desde el castigo y la culpa constante. Cada kilogramo de más representa en gran medida un peso emocional que ha buscado refugio en la materia. Cuando aprendemos a maternarnos, a brindarnos afecto genuino y a sostener nuestras necesidades profundas, la necesidad biológica de protección física comienza a ceder.

    En el camino del desarrollo transpersonal, comprendemos que el verdadero cambio nace del amor incondicional hacia quienes somos hoy, exactamente en esta forma y en este momento.

    Para aliviar la carga y cultivar el amor propio en el día a día con liviandad, te propongo realizar esta práctica simple antes de cada comida o en momentos de tensión:

    1. Contacto consciente: Apoyá tus dos manos abiertas sobre el centro del pecho o sobre tu abdomen. Sentí el calor de tus palmas atravesando la piel.
    2. Respiración de aceptación: Inhalá profundo permitiendo que el cuerpo se expanda y exhalá suavemente soltando la tensión de los hombros y la mandíbula.
    3. Gratitud activa: Mirá tu cuerpo y decile en voz baja: “Gracias por cuidarme y sostenerme hasta hoy. Elijo nutrirte con amor y soltar las cargas que ya no nos pertenecen”.

    Tu cuerpo constituye tu hogar en esta tierra. Tratalo con la ternura, el respeto y la paciencia con la que cuidarías a un ser profundamente amado.

  • ¿Por qué dejás la cama destendida antes de salir? Quizás no sea solo por apuro.
    Entre la vida y la muerte, Frida Kahlo soñó con su propia realidad. «El sueño (La cama)» (1940) no es una pintura sobre el miedo, sino sobre la aceptación

    ¿Por qué dejás la cama destendida antes de salir? Quizás no sea solo por apuro.

    Hay personas que no pueden irse de su casa sin dejar la cama perfectamente tendida.

    Y hay otras que salen apuradas, convencidas de que eso puede esperar.

    Ninguna de las dos está bien o mal.

    Pero, a veces, vale la pena hacerse una pregunta:

    ¿Qué historia cuenta mi cama cuándo me voy?

    Desde una mirada sistémica, los pequeños gestos cotidianos suelen reflejar la manera en que habitamos nuestra vida. No porque una cama deshecha tenga un significado universal, sino porque cada acción repetida puede convertirse en un lenguaje silencioso.

    La cama es el lugar donde terminamos un día y comenzamos otro. Allí descansamos, soñamos, lloramos, amamos y recuperamos fuerzas. Es uno de los espacios más íntimos de la casa.

    Cuando la dejamos tal como quedó al despertar, quizá solo estemos apurados. Pero, en otras ocasiones, puede ser una forma inconsciente de dejar algo abierto, como si una parte nuestra siguiera habitando el ayer.

    Desde la mirada energética, cada espacio conserva la vibración de lo que ocurre en él. No se trata de magia ni de superstición, sino de algo que seguramente alguna vez experimentaste: entrar en un lugar cuidado transmite una sensación diferente a entrar en uno que parece suspendido en el tiempo.

    Tender la cama no cambia el destino.

    ¡Pero sí puede cambiar la manera en que empezás el día!.

    Es un gesto sencillo que le dice al cuerpo: “La noche terminó. Estoy disponible para lo que viene.”

    Muchas veces creemos que necesitamos grandes cambios para sentirnos mejor. Sin embargo, el inconsciente habla el idioma de los símbolos. Y los símbolos no necesitan ser enormes; necesitan ser repetidos con intención.

    Un pequeño ritual

    Mañana, antes de salir de tu habitación, hacé algo diferente.

    Mientras acomodás la cama, apoyá una mano sobre las sábanas y decí, en voz baja o para vos:

    “Gracias por el descanso que recibí. Devuelvo esta noche al pasado y elijo estar presente para este nuevo día.”

    Después abrí la ventana, aunque sea un minuto. Dejá que entre aire fresco y, con él, la sensación de que algo nuevo también puede entrar en tu vida.

    No hace falta que la cama quede perfecta.

    Hace falta que ese gesto deje de ser una obligación y se convierta en una despedida amorosa de la noche.

    Porque cada mañana, sin hacer ruido, la vida vuelve a empezar.

    Y quizás el primer lugar donde pueda notarse… sea en tu propia cama.

  • Hay personas que se quedan suspendidas adentro
    La silla de Vincent con pipa es un "autorretrato" muy original del artista transmutado en un mueble que refleja la melancolía que le invadía.

    Hay personas que se quedan suspendidas adentro

    Una parte de mí
    todavía acomoda la mesa
    como si fueras a volver

    la otra
    ya vendió las sillas para pagar el invierno

    una quiere sostener la memoria
    aunque le sangre las manos

    la otra mira alrededor
    y no encuentra dónde apoyar el cuerpo
    sin sentirse extranjera

    es extraño el duelo
    nadie habla de esta mitad del camino

    cuando todavía amás algo
    pero ya no podés vivir ahí

    cuando soltar parece traición
    y quedarse
    una forma lenta de desaparecer

    entonces una aprende
    a hacer hogar en cosas mínimas

    en una taza infantil
    en regar una planta
    en dejar de explicar el cansancio

    porque a veces sanar
    no es avanzar

    es dejar de tironearse
    entre dos versiones de una misma mujer.

    Ritual: “La silla vacía”

    Esta noche no escribas cartas.
    No quemes papeles.
    No cierres ciclos.

    Hacé algo más raro.

    Poné una silla frente a vos.
    Encima dejá un objeto pequeño que represente eso que no podés soltar:

    una llave,
    una piedra,
    una prenda,
    una palabra escrita.

    Sentate enfrente durante cinco minutos sin música y sin teléfono.

    Y en vez de preguntar:

    “¿Cómo hago para soltar?”

    preguntá:

    “¿Qué parte de mí cree que se quedará sin identidad si esto termina?”

    Después levantate sin responder nada.
    Solo cambiá la silla de lugar.

    El cuerpo entiende movimientos que la mente todavía no puede nombrar.