Desapego: aprender a soltar sin dejar de amar

Sabemos que tenemos que soltar, pero seguimos sosteniendo.

Una conversación que ya terminó.

Una persona que ya no está disponible.

Una expectativa que nunca se cumplió.

Una versión de nosotros mismos que alguna vez necesitamos ser.

Y creemos que desapegarnos significa dejar de sentir.

Pero no.

El desapego no es dejar de amar. Es dejar de aferrarnos.

Nos quedamos “agarrados” como una garrapata a algo porque pensamos que, si lo soltamos, perdemos una parte de nuestra historia.

Y quizá sea justamente al revés.

Podemos agradecer lo vivido y dejarlo ir.

Como en el libro “Comer, Rezar y amar”

– Déjalo ir.

– Pero lo amo

– Pues ámalo

– Pero lo extraño

– Pues extráñalo.

– Cada vez que pienses en él, mándale Amor y Luz. Después deja ir el pensamiento.

Tienes miedo de dejarlo ir porque después estarás sola. Pero esto es lo que tienes que entender, si despejaras todo ese espacio que ocupas en tu mente por obsesionarte con él, tendrías una puerta y sabes qué haría el universo al verla?

Colarse.

Se colaría y te llenaría del Amor más hermoso que jamás hayas podido conocer.

Así que deja de estar usándolo a él para bloquear esa puerta. Déjalo ir de una vez.

-“Comer, Rezar y Amar”

Podemos amar a alguien y aceptar que su camino ya no coincide con el nuestro.

Podemos reconocer que algo fue importante y, aun así, comprender que ya terminó.

Desapegarse es hacerle lugar a la realidad.

Sin pelear con ella.

Hay una frase que puede ayudarnos en esos momentos:

“No necesito que esto sea diferente para poder estar en paz.”

Quizás ahí comienza el verdadero soltar.

No cuando dejamos de sentir, sino cuando dejamos de luchar contra lo que es.

Y entonces, lentamente, la energía que estaba ocupada en sostener aquello que ya no puede ser, vuelve a nosotros.

Para vivir.

Para elegir.

Para empezar de nuevo.

Una pequeña práctica para soltar

Cuando sientas que estás aferrándote a algo, cerrá los ojos y preguntate:

¿Qué estoy intentando controlar que ya no depende de mí?

Respirá.

Y al exhalar, decite:

“Te dejo ser lo que sos. Me permito ser quien soy.”

A veces soltar no es alejarse.

A veces es simplemente dejar de apretar.

Belén