“Todas las heridas del alma se crean en la infancia cuando nos sentimos juzgados, incomprendidos o no aceptados por lo que realmente somos.” — Lise Bourbeau
Aprender a sanar las 5 heridas de la infancia es la clave para dejar de reaccionar desde el dolor y construir vínculos sanos en la adultez. Como ha enseñado a lo largo de su obra, Lise Bourbeau, cada herida emocional crea una máscara de protección para evitar sufrir nuevamente.
Sin embargo, esa misma máscara que nos protegió en la niñez es la que hoy distorsiona nuestras relaciones de pareja. Comprender el origen y la máscara de cada herida nos devuelve el poder de elegir quiénes queremos ser.
Cuando nos atrevemos a mirar la herida sin juicio, la máscara cae. En ese instante dejamos de atraer parejas que activan nuestras defensas y nos abrimos al amor real.
Las 5 heridas del alma: cómo se generan y su máscara
Cada herida se activa en los primeros años de vida en la relación con nuestros progenitores y moldea nuestro cuerpo y comportamiento:
- Rechazo (Máscara: El Huidizo): Surge ante la sensación de no ser deseado o no tener derecho a existir. La persona busca desaparecer, aislarse o volverse invisible.
- Abandono (Máscara: El Dependiente): Nace de la falta de presencia física o emocional. Genera una necesidad constante de apoyo, atención y temor visceral a la soledad.
- Humillación (Máscara: El Masoquista): Se origina al sentirse avergonzado, criticado o comparado. La persona se olvida de sí misma para servir a los demás y cargar pesos ajenos.
- Traición (Máscara: El Controlador): Se activa cuando se rompe la confianza o las promesas. Produce personalidades fuertes, dominantes y extremadamente vigilantes.
- Injusticia (Máscara: El Rígido): Nace en entornos fríos o muy exigentes. La persona busca la perfección constante y desconecta de su sensibilidad emocional.
Cómo nos vinculamos en pareja según nuestra herida
En el amor no se relacionan dos adultos conscientes, sino las heridas emocionales de ambos buscando ser sanadas:
- Si sufrís Rechazo: Tendés a huir ante el menor conflicto en la pareja, creyendo que el otro te rechazará primero.
- Si sufrís Abandono: Sostenés vínculos tóxicos o asfixias al otro por un profundo miedo a quedarte a solas.
- Si sufrís Humillación: Te postergás para complacer a tu pareja, convirtiéndote en el salvador/a de sus problemas.
- Si sufrís Traición: Necesitas tener el control absoluto de la relación y dudas constantemente de las intenciones del otro.
- Si sufrís Injusticia: Te cuesta mostrar vulnerabilidad y exiges una perfección irreal tanto a vos como a tu pareja.
Test ¿Cuál de las 5 heridas de la infancia guía tus reacciones?
Identificá qué herida puede estar más presente hoy y qué máscara aparece para protegerte mediante este test de Las 5 heridas de la infancia
Guía de Exploración Corporal: ¿Dónde vive tu herida?
Busca un lugar tranquilo, sentáte con la espalda erguida, apoyá los pies firmemente en el suelo y realizá tres respiraciones lentas.
A continuación, lee cada perfil somático y observa cuál de estas geografías corporales se parece más a tu vivencia cotidiana:
1. La Coraza de la Invisibilidad (Herida de Rechazo)
- Zona de mayor tensión: Garganta contraída, tórax hundido, sensación de “nudo” en la boca del estómago.
- Sensación física habitual: Sensación de frío en manos y pies, impulso de encogerse o volverse pequeño/a, desconexión del cuerpo (sentir que “vives solo en tu cabeza”).
- Micro-reacción automática: Ante una mirada fría o un conflicto, la respiración se vuelve muy superficial y sentís el impulso físico de salir corriendo o congelarte.
2. El Vacío del Centro (Herida de Abandono)
- Zona de mayor tensión: Pecho ahuecado, hombros caídos hacia adelante, debilidad en la zona lumbar.
- Sensación física habitual: Sensación de pesadez o “hoyo sin fondo” en el centro del pecho, falta de tono muscular o cansancio crónico.
- Micro-reacción automática: Ante la distancia de un ser querido, sentís una opresión visceral inmediata en el esternón y una urgencia física de agarrarte o buscar contacto.
3. La Carga en la Espalda (Herida de Humillación)
- Zona de mayor tensión: Cuello rígido, hombros cargados hacia arriba, tensión acumulada en el abdomen y pelvis.
- Sensación física habitual: Pesadez en la parte alta de la espalda (como llevar una mochila invisible), tendencia a contener la respiración o inflar el pecho.
- Micro-reacción automática: Ante el error o la crítica, tu cuerpo reacciona avergonzándose, bajando la cabeza y asumiendo tareas de otros para compensar.
4. El Escudo de Control (Herida de Traición)
- Zona de mayor tensión: Mandíbula apretada (bruxismo), hombros anchos y tensos, postura hiper-erguida.
- Sensación física habitual: Mirada vigilante, dificultad para relajar el diafragma, sensación de estar “listo/a para el ataque o la defensa”.
- Micro-reacción automática: Ante un imprevisto o cambio de planes, tu cuerpo experimenta una descarga de adrenalina inmediata, endureciendo la postura y elevando el tono de voz.
5. La Armadura Rígida (Herida de Injusticia)
- Zona de mayor tensión: Espalda completamente rígida, cadera bloqueada, tensión en brazos y piernas.
- Sensación física habitual: Movimientos corporales precisos y tiesos, poca flexibilidad en las articulaciones, corte entre la cabeza y las emociones del corazón.
- Micro-reacción automática: Ante la imperfección o la exigencia, tu cuerpo se cruza de brazos, aprieta los labios y busca mantener el control absoluto sin pestañear.
Práctica Somática de Liberación: “Del Escudo a la Presencia”
Una vez que identificaste qué perfil somático resonó más en tu cuerpo, realizá esta breve práctica de 3 minutos para aflojar la coraza:
- Lleva tu mano directamente a la zona donde sentiste la tensión (pecho, garganta, mandíbula, espalda o estómago).
- Dale calor con la palma de tu mano y decí en voz alta o en silencio:“Te veo. Acepto esta tensión porque sé que me protegió en el pasado. Hoy estoy a salvo y puedo soltar el escudo.”
- Exhalá por la boca con un suspiro profundo, permitiendo que los hombros caigan y que el abdomen se relaje.
Cómo integrar y sanar las heridas emocionales
Sanar no significa olvidar el pasado ni borrar la cicatriz; significa quitarle el dolor al recuerdo y asumir la responsabilidad de nuestro presente.
“Aceptar una herida es el primer paso para transformarla. No puedes curar lo que te niegas a mirar.” — Lise Bourbeau
Para integrar la herida en tu vida diaria:
- Reconocé a tu observador interno: Observá cuándo tu máscara intenta tomar el mando frente a tu pareja, jefe, amigos.
- Dale compasión a tu niño(a) interior: Comprendé que tu reacción no es caprichosa, sino una respuesta defensiva de tu infancia.
- Pasá a la acción consciente: Si sentís el impulso de controlar, soltá. Si sentís el impulso de huir, quedáte y expresa lo que sentís.
Comparto el audiolibro de Lise Bourbeau Audiolibro Las 5 heridas que impiden ser uno mismo
Da el paso hacia la transformación emocional
Identificar tu herida dominante es el primer escalón hacia una vida con mayor libertad y relaciones conscientes.
Si sentís que las heridas del pasado continúan condicionando tu presente y tu manera de amar, no tenés que hacer este proceso a sola (o).
Aquí podés leer sobre las sesiones sesiones que pueden ayudarte
- 💬 Hablemos por WhatsApp: Escríbeme para coordinar tu sesión individual online o presencial en Córdoba.










